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David Ortiz ejecutó una vez más con su discurso

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El “Big Papi” reconoció a la República Dominicana durante su intervención de 17 minutos en su exaltación a Cooperstown

Cooperstown, Estado de Nueva York.- David Ortiz tenía la asignación de otro turno estelar, con un micrófono no con el bate, y ante una audiencia gigante.

Fiel a su estilo, ejecutó una vez más a la hora buena. Entró de manera oficial a Cooperstown como el grande que nunca sucumbió en los momentos de presión.

“Me voy hasta a quitar los lentes”, fue lo primero que dijo cuando el reloj se acerca a las 3:50 de la tarde, unos minutos después de que fuera introducido por Janes Forbes Clark y su placa fuese leída por el comisionado Rob Manfred, cuyas intervenciones no eran del agrado de los presentes.

Tras una sonrisa, Ortiz soltó un “¡Wao! ¡Cooperstown! ‘Tamo aquí, mi gente” y esa fue la señal de salida para muchas emociones que estaban dentro de miles de dominicanos y norteamericanos que fueron a rendirle tributo en su gran día en una tarde con un sol intenso y nada cariñoso.

Ataviado con un traje azul marino, camisa blanca, corbata, botones y pañuelo rojo, unos lentes negros (D&G) y sus aretes, Ortiz habló en inglés y en español.

“‘Mi gente en República Dominicana. Mi tierra”, dijo al volver a tomar su idioma nativo tras unas primeras palabras de agradecimiento a los inmortales presentes, a la Major League Baseball y a la plana mayor del Salón de la Fama.

“Mis primos y mis hermanos. Albania (su hermana). To’ lo’ tíguere que son míos”, expresó en ese momento para luego mencionar a sus hijos, entre ellos D’Angelo y Alexandria, quien tuvo a su cargo la ejecución del himno de los Estados Unidos en los albores de la ceremonia que arrancó a la 1:31 de la tarde y concluyó casi tres horas después.

Sus palabras en inglés eran más formales, en español se le vio con su estilo jovial. Kirby Puckett, fallecido inmortal, quien le ayudó bastante en su etapa en Minnesota, recibió mención de honor al igual que Paul Molitor y varios de sus dirigentes en las menores.

Ramón Pintacora de Los Santos, el escucha que lo firmó para Seattle con 16 años, estuvo en sus palabras, un discurso de unos 17 minutos.

Más adelante, volvió a mencionar a su país natal. “Gracias por ser Quisqueya la bella”, dijo en esa ocasión, motivando a las personas que a visiten a República Dominicana cuando tengan la oportunidad, para que puedan disfrutar de sus encantos.

Agradeció al presidente Luis Abinader por enviarle una comitiva y entendió su ausencia porque trabaja bastante para tener al país en un mejor rumbo.

Ortiz, el más popular de un acto en el que también ingresaron al templo de los inmortales Tony Oliva, Jim Kaat y de manera póstuma Gil Hodges, Orestes Miñoso, Buck O’Neil y Bud Fowler puso a vibrar a una multitud que copó todo el Clarke Sports Center. Había muchas banderas dominicanas y ni hablar de seguidores suyos de Boston y Minnesota.

Hablando de Boston dijo en inglés que fue en esa ciudad que se hizo el hombre que es hoy día. Desde los ejecutivos hasta sus excompañeros y dirigentes fueron mencionados por el 34 de los palos memorables de 2004, 2007 y 2013.

Por supuesto, antes que todo eso, estuvo su compadre Pedro Martínez, quien ha sido para él de todo. “Ha sido para mí un hermano, un maestro, un consejero, un abogado y hasta plomero ha sido”, lo que generó risas de quienes entendieron en español esta ocurrencia suya. A sus 46 años, Ortiz fue apenas el pelotero número 58 seleccionado en su primer año de elegibilidad.

Las lágrimas no surcaron su rostro cuando habló de su fenecida madre y habló maravillas de su progenitor, Leo Ortiz, el autor de su primer bate y guante en unos tiempos de escasez. “Papi y mami nos dieron todo en momentos difíciles. Los amo”, fueron algunas de sus expresiones en un tono que indudablemente indicaba que hablaba del corazón.

Abrió y cerró a su usanza, porque en el colofón de su intervención invitó a todos a celebrar.

No es para menos, el cuarto dominicano en ocupar una poltrona en Cooperstown (Juan Marichal en 1983; Pedro Martínez en 2015 y Vladimir Guerrero en 2018) puso a muchos a disfrutar con 541 jonrones y tres anillos, entre muchos logros. Es una fiesta nacional. “Big Papi”, como le llaman, lo merece.

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